Si miras una nómina de 2026 con un poco de atención, es fácil notar que algo ha cambiado. No siempre se ve a simple vista, pero está ahí. Las bases de cotización a la Seguridad Social han vuelto a subir y eso tiene efectos directos tanto para quien trabaja hoy como para quien paga salarios. No es un ajuste menor ni puntual, es parte de una tendencia clara que conviene entender bien, sobre todo si piensas en tu jubilación o gestionas una empresa.

Durante años se ha hablado de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Cada vez hay más jubilados, se vive más tiempo y la proporción de cotizantes no crece al mismo ritmo. Ante este escenario, el Gobierno ha ido introduciendo cambios progresivos para reforzar los ingresos del sistema. En 2026 uno de los más visibles es el aumento de la base máxima de cotización, que se sitúa por encima de los 5.100 euros mensuales, junto con un nuevo ajuste al alza del llamado Mecanismo de Equidad Intergeneracional, conocido ya por casi todos como MEI.
Todo esto suena muy técnico, pero sus consecuencias son bastante concretas. Más cotización hoy significa más ingresos para pagar pensiones mañana, aunque el impacto no sea igual para todos.
Qué cambia en 2026 y cómo se refleja en la nómina
La base de cotización es la cifra sobre la que se calculan las aportaciones a la Seguridad Social. Si tu salario está por debajo del tope máximo, tu situación apenas cambia. Sigues cotizando en función de lo que ganas. El cambio relevante aparece cuando los sueldos superan ese límite. Al subir la base máxima, una parte mayor del salario pasa a cotizar, tanto por parte del trabajador como, sobre todo, por parte de la empresa.
Esto se traduce en un coste laboral más alto para los empleadores con salarios elevados. No es una subida explosiva, pero sí constante. Y cuando se acumula año tras año, acaba pesando en los presupuestos de personal. Para muchas empresas, especialmente en sectores cualificados, es un factor que ya se tiene en cuenta a la hora de planificar subidas salariales o nuevas contrataciones.
A este ajuste se suma el MEI. En 2026 esta cotización adicional sigue creciendo y alcanza el 0,90 por ciento de la base de contingencias comunes. La mayor parte la paga la empresa y una pequeña fracción el trabajador. Es un importe modesto en cada nómina individual, pero muy relevante cuando se mira el conjunto del sistema. Su objetivo no es mejorar la pensión individual, sino reforzar la caja común para hacer frente al envejecimiento de la población.
Para el trabajador, el efecto es casi invisible. Un pequeño descuento más cada mes que muchas veces pasa desapercibido. Para la empresa, el impacto es más claro, porque se suma al resto de cotizaciones y eleva el coste total de cada empleado.
Hay algo importante que conviene aclarar. Cotizar más no garantiza automáticamente una pensión más alta. La pensión futura depende de muchos factores, como los años cotizados y la base media durante la vida laboral. El MEI, en concreto, no genera derechos individuales. Es una aportación solidaria al sistema. Aun así, un sistema con más ingresos hoy tiene más margen para mantener las pensiones en el futuro sin ajustes bruscos.
El impacto real en pensiones y empresas a medio plazo
Desde el punto de vista del trabajador, estos cambios tienen una lectura doble. A corto plazo, suponen una ligera reducción del salario neto si se está cerca de la base máxima. A largo plazo, refuerzan la estabilidad del sistema público, que sigue siendo la base de la jubilación de la mayoría de personas en España.
Si estás lejos de jubilarte, es fácil pensar que todo esto no va contigo. Pero sí va. Porque las decisiones que se toman ahora condicionan el modelo de pensiones que encontrarás dentro de 15 o 20 años. Un sistema con más ingresos es un sistema con menos riesgo de recortes improvisados o reformas traumáticas.
Para las empresas, el mensaje es distinto. El aumento de bases y del MEI obliga a revisar números. No suele provocar despidos ni decisiones drásticas por sí solo, pero sí empuja a ser más selectivo con las subidas salariales y con la estructura de costes. En algunos casos, también fomenta el uso de retribución flexible o beneficios sociales como complemento al salario directo.
Hay tres ideas clave que resumen bien el impacto de estos cambios y que conviene tener claras:
- Más cotización hoy implica más ingresos para sostener las pensiones en el futuro.
- El mayor peso recae en las empresas, especialmente en salarios altos.
- El trabajador apenas nota el ajuste mes a mes, pero se beneficia de un sistema más sólido a largo plazo.
En definitiva, el aumento de las bases de cotización en 2026 no es una medida aislada ni provisional. Forma parte de una estrategia más amplia para garantizar la viabilidad de las pensiones públicas en un contexto demográfico cada vez más exigente. Para los trabajadores supone un pequeño esfuerzo adicional y para las empresas un mayor coste, pero ambos están ligados a una misma idea de fondo: asegurar que el sistema siga funcionando cuando más se necesite.